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Alfons Nonell nos habla del papel de los datos y la tecnología para conectar la investigación con el mundo real y transformar el sector sanitario

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Alfons Nonell es el CEO y cofundador de DevsHealth, y es también uno de los mentores de The Collider. Su trabajo aquí consiste en asesorar, guiar y dar feedback a los equipos para que consigan llevar sus conocimientos científicos al mercado. Estudió farmacia y es doctor en Química Computacional. Su objetivo es combinar la tecnología, la investigación y el emprendimiento para hacer realidad una sanidad más eficiente y personalizada. Se ha reunido con nosotros para hablarnos sobre su labor en el programa de transferencia tecnológica de The Collider y su experiencia en el mundo de la tecnología médica.

¿Puedes resumir en pocas palabras tu experiencia en biotecnología y el desarrollo de fármacos?

Mi primera toma de contacto fue en la universidad, donde estudié farmacia y, más tarde, hice un doctorado en Química Computacional. En 2011, fundé Mind the Byte, una empresa de bioinformática especializada en el desarrollo de fármacos. Después, fui el cofundador de The Patients Resource, una empresa que se encarga de utilizar datos reales para mejorar la salud a nivel mundial. Nos dedicamos a recopilar, almacenar y distribuir esos datos con el fin de desarrollar fármacos y medicina de precisión.

Llevas más de una década ocupando puestos de máxima responsabilidad en empresas que utilizan a las tecnologías emergentes para avanzar en medicina. ¿Por qué te interesa este ámbito laboral?

En realidad, son varias cosas las que me motivan a trabajar en estos proyectos. Por un lado, soy farmacéutico, así que, obviamente, me interesa la salud. Sin embargo, soy consciente de que nuestro sistema sanitario tiene muchos fallos y que, a la hora de la verdad, mucha gente no tiene acceso a los medicamentos que necesitan.

Por otro lado, me interesa la tecnología y la posibilidad de ayudar a las personas con ella porque, para mí, no solo se trata de ganar dinero. En resumidas cuentas, lo que a mí me llena es utilizar la tecnología para mejorar el sistema sanitario y, en concreto, utilizar sistemas computacionales para mejorar el desarrollo de fármacos y crear medicamentos más precisos. Quiero conseguir que la sanidad sea más efectiva y más accesible.

A día de hoy, también trabajas como mentor en The Collider. Explícanos cuál es tu función aquí.

Ser mentor no solo consiste en decirles a los demás lo que tienen que hacer, sino que, en realidad, me dedico a guiar y a asesorar. Ayudo a mi equipo a alcanzar los objetivos que se han marcado en el programa: les voy poniendo fechas y, así, se motivan para terminar dentro de los plazos. El programa es muy exigente y hay mucho que hacer, así que es muy útil tener a alguien detrás haciendo el seguimiento, dando feedback y ofreciendo puntos de vista que quizás no se habían puesto sobre la mesa. Todas la semanas les pregunto: “¿Os habéis parado a pensar en esto? ¿Lo habéis considerado lo suficiente?”.

¿Cuáles crees que son los mayores retos a los que se enfrentan las empresas emergentes del sector?

Cuando están empezando, el mayor desafío de los investigadores y los equipos de científicos es poner el ojo en los negocios. Es cierto que todos tienen una mente abierta, porque, de lo contrario, no estarían en The Collider, pero lo más normal es que, al principio, sepan muy poco sobre el mundo de los negocios. Como es un salto muy grande, me encanta ayudarles a darlo. Es muy satisfactorio. Lo que más me gusta es ayudarles a sacar su tecnología del laboratorio y llevarla al mundo real. Al final, te das cuenta de que la gente es capaz de cambiar y de dar grandes pasos.

Háblanos sobre las ventajas de participar en el programa de The Collider.

La ventaja más obvia es que The Collider permite que los equipos comercialicen su propia idea. Y eso es fantástico, pero no es lo único. Hay que invertir mucho tiempo y energía en el laboratorio, así que los participantes no vienen a plasmar sus ideas en papel, sino que buscan ayudar a la sociedad con su investigación. Con un programa como The Collider, se puede causar un gran impacto y cambiar vidas.

The Collider también contribuye a que los emprendedores desarrollen sus proyectos partiendo de una base científica sólida.

Por último, no hay que pasar por alto los contactos. Se puede conocer a personas con experiencia y habilidades muy variadas que te pueden ayudar y a quienes puedes ayudar. Esto puede ser muy beneficioso.

De momento, el programa se está desarrollando a distancia. ¿Crees que The Collider está en continuo cambio y adaptación?

El equipo de The Collider siempre nos ha escuchado y ha cambiado todo lo que ha sido necesario. Tienen en cuenta todo el feedback que reciben, por lo que hay una evolución constante. Por otro lado, trabajar de forma online tiene muchas ventajas. Es cierto que se echa de menos trabajar cara a cara, pero, al fin y al cabo, formamos parte de un programa de transferencia tecnológica, así que tenemos que mantener una actitud abierta y adaptarnos.

¿Por qué crees que Cataluña es un lugar tan adecuado para las investigaciones sanitarias y para todas estas empresas de tecnología médica?

Siempre hemos sido una sociedad de innovadores. A lo largo de la historia, la gente siempre ha estado saliendo y entrando de Cataluña, así que no nos ha quedado otra que evolucionar. Gracias a ello, somos grandes emprendedores y a día de hoy hay un montón de empresas pequeñas. Además, no somos la comunidad autónoma más rica, así que hemos tenido que aprender a trabajar con presupuestos limitados. Hoy en día, Barcelona recibe mucha financiación internacional, y esto se debe a que la ciudad está llena de investigadores y emprendedores.

¿Qué futuro le espera a la transferencia tecnológica en España y en Europa?

Hay varios obstáculos. Para empezar, el dinero siempre es un problema. Pero también influye la mentalidad: en España, los investigadores del mundo académico no ven a las empresas con buenos ojos porque, para ellos, son “los malos”. Si nos vamos a la sanidad, se ve perfectamente. En Europa, se piensa que las empresas solo se mueven por dinero y, por tanto, no merecen entrar en los hospitales.

Pero eso debe cambiar. Los investigadores y las empresas deberían poder trabajar codo con codo. Necesitamos que se comparta la información y que surjan iniciativas como The Collider porque la transferencia tecnológica es el futuro. Deberíamos monetizar la investigación y después ponerla en práctica para que se produzca un retorno de la inversión desde el punto de vista social. Si nos dedicamos a separar las cosas (las empresas o la ciencia, lo público o lo privado), fomentamos la división y la rivalidad. Y eso no sirve de nada. La clave está en la colaboración.