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Agricultura sostenible: salvar una industria mediante la innovación

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Parece obvio que la agricultura es una industria que se enfrenta a cambios profundos en el futuro más cercano. Pero la urgencia de esos desafíos y su alcance solo se evidencian en toda su gravedad cuando se repasan las alarmantes cifras. 

 

Para el año 2050, los agricultores deberían incrementar su producción en un 70 % si quieren abastecer las necesidades de la población mundial. Para entonces se prevé que existan 9700 millones de bocas que alimentar en todo el planeta. Una industria que ya genera ingresos para cerca de mil millones de personas simplemente no puede seguir creciendo hasta suplir esas necesidades.

 

Las prácticas actuales son insostenibles, no solo por la cantidad de espacio y agua que requieren sino por el volumen de gases de efecto invernadero y de desechos de comida que producen. La agricultura sostenible no es solo una moda deseable, es la única respuesta posible a un problema que no va a desaparecer.

 

¿Qué es la agricultura sostenible?

La agricultura sostenible no es simplemente una etiqueta que pegar en los envases para aplacar la conciencia ecológica de algunos consumidores. Es una metodología basada en tecnología y protección medioambiental, y diseñada para ser productiva sin ser destructiva. Desarrollada de la manera correcta, puede preservar o incluso reforzar el medio ambiente, asegurando una calidad de vida alta para el ganado mientras atiende las demandas de la industria alimentaria y textil.

 

Las condiciones actuales

El actual sistema de producción de comida es gigante. Vastos campos cultivables ocupan miles de acres y enormes sumas de animales atestan espacios hacinados como parte de un sistema industrializado que los aleja del espacio rural idílico al que pertenecen. La agricultura tradicional se ha convertido en una industria inmanejable, inflexible y cada vez más inhumana.

 

Los problemas, además, no terminan en las fincas o granjas. La fragilidad y la falta de agilidad en nuestra cadena de suministro se ha hecho patente durante la pandemia de la COVID-19. La seguridad de las industrias depende de su cadena de suministro, y todos los cambios súbitos tardan en ser asimilados por las cadenas grandes y con muchos actores, a menudo internacionales, como la alimentaria.

 

Esto es clave en relación a otro aspecto insostenible del sistema actual: los desperdicios. Uno de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas es erradicar el hambre y alcanzar la seguridad alimentaria para el año 2030. Un trabajo ímprobo, ya que la desnutrición es un mal que afecta a la sobrecogedora cifra de 690 millones de personas en todo el mundo. Hay comida suficiente, pero no llega a todos. Solo en Estados Unidos, se estima un desperdicio de alimentos de entre el 30 y el 40 % del total del suministro, en el que la mayor parte se pierde antes de llegar al plato. 

 

Esto no es un problema exclusivamente de Estados Unidos. En los países en desarrollo, los problemas por falta o deficiencia de instalaciones para la refrigeración y el almacenamiento conllevan pérdidas por valor de 310 000 millones de dólares anuales.

 

Las tendencias de los consumidores ya han cambiado

Aunque la situación no pinte bien, los cambios en el comportamiento de los consumidores unidos a la innovación tecnológica son prometedores. La solución más simple es que se compren y consuman productos locales, y esto es algo que está sucediendo. La demanda de productos producidos localmente se duplicó entre 2014 y 2019 como consecuencia de una mayor concienciación medioambiental de los consumidores.

 

Por otro lado, usar menor número de animales requiere menos espacio y emite menos metano a la atmósfera, por eso la demanda de productos sustitutos de la carne ha creado un mercado en rápido crecimiento. Ya hemos visto aquí cómo se puede usar la tecnología de las células madre para la producción de carne de crustáceos. Y en la actualidad, los innovadores productos derivados de la soja y de la proteína de guisante apenas se distinguen de la carne roja, como atestiguan quienes los prueban, por lo que estos productos están adquiriendo una mayor presencia en los supermercados

 

El aumento de la concienciación ciudadana sobre estos temas genera una demanda para la que la tecnología está siendo clave a la hora de transformar la producción de los propios alimentos.

 

El crecimiento de la automatización y de la tecnología de vanguardia

Los agricultores modernos automatizan los procesos aprovechando la IA y el análisis de datos para sacarle el mayor rendimiento a sus cultivos. Esto forma parte de una tendencia creciente hacia la agricultura de precisión, en la que se recoge y usa la mayor cantidad de datos posibles para aprovechar tanto la tierra, como las semillas, el agua, los fertilizantes, el almacenamiento y las cadenas de suministro, y así maximizar las cosechas.

 

Además de promover el uso de la robótica, se están innovando todos los aspectos del proceso de producción de alimentos para abordar el reto hercúleo de alimentar de manera eficiente a una población mundial en crecimiento:

  • Se prueban y desarrollan nuevas variedades de cultivos para condiciones climáticas alteradas. 
  • Se mantiene la cubierta vegetal durante todo el año para reducir la erosión del suelo.
  • Se desarrollan nuevos microbios “agtech” para reducir la dependencia de fertilizantes artificiales y para que los cultivos básicos como el trigo obtengan nitrógeno de la atmósfera.
  • Se dispone de mayor financiación especial para la innovación y la sostenibilidad en la agricultura por parte de instituciones como la Comisión Europea, la UE y los gobiernos nacionales.
  • Se previene la contaminación y se reduce la descomposición de las semillas gracias a las innovaciones en el almacenamiento de granos.
  • Se utiliza el agua de manera más inteligente, con soluciones tecnológicas a pequeña escala como la hidroponía hasta la regulación de lagos y ríos para proteger la calidad de la misma en su origen.
  • Se usa tecnología de productividad inteligente para determinar las fechas óptimas en las que plantar determinados cultivos. 
  • Al norte de África, los agricultores usan datos satelitales para impulsar la cosecha de las plantaciones menores y reducir así los costes operativos.

 

La tecnología alumbra el camino

 

Está claro que no se puede seguir aumentado el espacio y los recursos destinados a la agricultura con el objetivo de satisfacer las demandas de la población. Hay que producir más, en menor espacio, usando menos bienes fungibles y reduciendo la contaminación. Esta es la ecuación simple, aunque de difícil solución, con la que nuestros agricultores podrán alimentarnos a todos.

 

Como con tantos otros problemas modernos, la innovación y la tecnología ofrecen la ruta más clara a seguir, así como nuestra mejor oportunidad para superar estos desafíos.

 

 

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