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Conectar los puntos: Josemaria Siota sobre la transferencia tecnológica y el corporate venturing

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Josemaria Siota es el director ejecutivo del Centro para la Innovación y el Emprendimiento de IESE Business School, y es también uno de los expertos en corporate venturing reconocidos por la Comisión Europea y el Foro Económico Mundial. Se le considera uno de los ponentes de corporate venturing más influyentes del mundo, y ha publicado libros y estudios para Harvard Business Review, MIT Technology Review, el Foro Económico Mundial, PwC, Oliver Wyman, la Comisión Europea, Forbes y otras entidades igualmente influyentes. En la entrevista, Josemaria nos explica su visión privilegiada del ecosistema del corporate venturing, la respuesta del mismo a la crisis actual, la función de iniciativas como The Collider, y sus ideas sobre el futuro del sector.

Tienes una amplia experiencia en todo tipo de iniciativas de innovación e investigación, ¿qué es lo que te entusiasma de este sector?

Su impacto, su relevancia y su novedad. La posibilidad de generar un impacto profundo, positivo y a largo plazo en la sociedad, y cómo apoyarlo desde mi trabajo. Despertarse por la mañana y saber que vas a hacer algo que realmente le importe a la gente; y tratar de detectar las necesidades que surgen y las que no están cubiertas.

¿Qué fue lo que te condujo al mundo de la transferencia tecnológica? ¿Es algo que siempre te ha interesado?

Cuando tenía 10 años me apasionaba la programación. Sin embargo, cuando comencé mi carrera profesional como ingeniero informático, me di cuenta de que tenía que hacer algo más si quería encontrar ese impacto y esa relevancia. Buscaba un punto de intersección entre las respuestas a tres preguntas: ¿Qué es lo que me apasiona? ¿Qué es lo que se me puede dar bien? ¿Dónde está la oportunidad? Para responder a estas preguntas, me resultó útil ponerme en contacto con académicos, innovadores y emprendedores destacados. Estos mentores me ayudaron a descubrir lo que yo llamo las tres olas de la especialización. En mi caso, estas áreas son la innovación abierta, el corporate venturing, y la ola actual: la transferencia tecnológica.

¿La ola de transferencia tecnológica se mueve al mismo ritmo en Europa que en otras partes del mundo como, por ejemplo, en los EE.UU.?

La transferencia tecnológica se define a veces como el proceso de comercialización en el mercado de los descubrimientos de la investigación. Para que eso suceda, se necesita una sólida base de investigación, un mercado que esté listo y, por lo general, algo intermedio para suavizar el proceso. Según el ranking de instituciones SCImago, el 21 % de los mejores centros de investigación del mundo se encuentran en Europa. Estados Unidos también destaca en este sentido, con universidades como Harvard, Stanford, Johns Hopkins o el MIT. Además, en Asia hay también importantes investigaciones procedentes de instituciones como la Academia China de las Ciencias, pero eso es solo una parte de la ecuación. En Europa se nos da bien pasar de la financiación a la investigación, pero podemos mejorar en lo que respecta a pasar de la investigación a la financiación. Se necesitan más mecanismos para pasar de A a B.

¿Hay que cubrir ese hueco? ¿No hay un puente entre la investigación y el mercado?

En un informe reciente que publicamos en colaboración con la Comisión Europea se descubrió que, aunque hay más de tres millones de patentes en la Oficina Europea de Patentes, casi el 95 % de ellas están inactivas o se utilizan poco. El 5 % restante afecta aproximadamente a un 40 % del PIB europeo. Imagínate lo que pasaría si se activara solo otro 5 %. El denominado «Valle de la Muerte» europeo se debe, entre otras razones, a la falta de financiación para las pruebas de concepto, en concreto para los emprendedores de deep tech y deep science.

 

Si fueras inversor privado, ¿elegirías a un emprendedor con un modelo de negocio fácil de entender que garantice beneficios en siete años, o a otro cuyo lenguaje no sea del todo comprensible, que tenga un producto complejo y que prometa beneficios potenciales al cabo de 15 años? Sin embargo, hay tremendos recursos corporativos como el capital, cuyo volumen se ha multiplicado casi por cuatro desde 2013. ¿Qué pasaría si tuviéramos una combinación de ambos, donde las debilidades de unos fuesen los puntos fuertes de otros, y las empresas y las instituciones de investigación se complementaran unas a otras? Se trata de algo que estoy empezando a llamar «deep tech corporativo».

Has dedicado gran parte de tu carrera a cerrar esa brecha. ¿Cómo podemos posibilitar que las startups de deep tech cooperen con las empresas ya establecidas?

De media, los emprendedores fracasan siete de cada diez veces en los primeros diez años. Además, de las nuevas empresas que se fundan todos los años en Estados Unidos, menos de un 0,03 % lo hace con inversores de capital de riesgo. Con esos datos, imagínate las probabilidades de sobrevivir que tiene un emprendedor de deep tech: es muy difícil. Necesitamos más mecanismos para que las empresas puedan trabajar con emprendedores de deep tech, algo de lo que estoy empezando a darme cuenta. Por ejemplo, en el sector energético, BP ofrece una financiación de entre 50 000 y 250 000 euros para las pruebas de concepto de los emprendedores de deep tech, que disponen de un plazo de 12 meses para validar su concepto. 

  

Otra práctica que es cada vez más frecuente es el uso de «equipos de corporate venturing», un pequeño grupo de empresas que se unen para innovar junto con las startups. Comparten los riesgos de la colaboración, y reducen los costes de la prueba de concepto entre un 60 % y un 90 %, dependiendo del tamaño del equipo, y refuerzan la propuesta de valor para el emprendedor, ofreciendo recursos colectivos, experiencia y canales de distribución en diferentes sectores. 

  

Por parte de las instituciones de investigación, también existe la oportunidad de profesionalizar el campo de la transferencia tecnológica. Una de las vías pasa por un diseñar un máster en transferencia tecnológica que sea eficaz. Otra de ellas es construir una red que conecte a los profesionales del deep tech con el fin de extender buenas prácticas por toda Europa, un conocimiento que está bastante concentrado en escasos polos de excelencia. 

  

Por último, hay un déficit de financiación. Sería útil que hubiera algunas transformaciones: la creación de nuevas estructuras de coinversión público-privada, la ampliación de instrumentos como el InnovFin del Banco Europeo de Inversiones y la adaptación de los mecanismos actuales a la realidad de los emprendedores de deep tech. 

¿Dónde crees que encaja un programa de venture building como The Collider en todo esto?

The Collider sirve como plataforma de innovación que conecta los puntos entre las necesidades de las empresas y las soluciones de investigación. También proporciona un ecosistema, lo que permite generar un mayor impacto a un coste menor. Además, es una red de aceleración donde las empresas pueden aprovechar la experiencia de deep tech.

En vista de la pandemia actual, ¿es el momento adecuado para que las empresas colaboren con startups innovadoras o es más bien un período de reflexión?

Es una pregunta frecuente en estos días. Por un lado, se ha incrementado la volatilidad. Los equipos de corporate venturing están sometidos a una presión añadida para ser más rápidos y predecir con más precisión, y al mismo tiempo hay una reducción de costes. Habilidades como la agilidad o la capacidad para predecir las nuevas tendencias son cada vez más importantes, porque lo que hoy es una oportunidad puede que desaparezca en 30 días, con lo que se perdería el potencial de crecimiento. Además, hay presupuestos más bajos, mayores riesgos y más competencia para los emprendedores de alto nivel.

 

En cambio, las «reglas» del corporate venturing están cada vez menos definidas. El flujo de transacciones se está democratizando, están surgiendo ecosistemas de empresas basados en la relevancia, y los facilitadores, las personas que pueden apoyar a las empresas en su colaboración con las startups, se están diversificando. Anteriormente, las empresas se planteaban principalmente la posibilidad de recurrir a empresas de consultoría, mientras que ahora un facilitador de corporate venturing puede ser un inversor de capital de riesgo (es decir, uno que ofrece un servicio de capital de riesgo), un acelerador privado, una universidad o incluso otra empresa.

En este contexto, ¿qué es lo que esperas que suceda en el futuro?

Aunque las colaboraciones entre empresas se han cuadruplicado desde 2013, casi el 75 % de las mismas fracasan. Todavía se puede mejorar y desarrollar conocimientos sobre la forma de optimizar este tipo de colaboración con los emprendedores.

 

Una de las tendencias más recientes es la de las asociaciones de empresas (los equipos que hemos mencionado antes) que se unen para innovar junto con las startups, reduciendo los costes y los riesgos a la vez que aprenden juntas. Los facilitadores, como las empresas de capital de riesgo, las cámaras de comercio y las universidades, pueden crear equipos muy eficaces aprovechando sus redes actuales. De forma simultánea, existe un creciente interés empresarial en los emprendedores que provienen de instituciones de investigación.

 

Mientras tanto, se prevé que la polinización cruzada, la trasmisión de conocimientos sobre la forma de comercializar los descubrimientos entre las instituciones de investigación, sirva para impulsar la profesionalización del sector de la transferencia tecnológica. Por último, se prevén mecanismos de coinversión público-privada más individualizados, lo que facilitará la realización de pruebas de concepto para facilitar la conectividad entre la investigación y el mercado, una práctica que en Europa está en sus comienzos, pero que va trasladándose gradualmente a los programas de carácter regional.

 

En resumen, el punto de intersección entre la transferencia tecnológica y el corporate venturing desempeña un papel cada vez más fundamental.