Q&A  | 

Ernest Mendoza habla de cómo pasar de la investigación a triunfar en el emprendimiento tecnológico

SHARE

Reading Time: 4 minutes

Ernest Mendoza es fundador y asesor científico de Astrea Materials, una empresa que desarrolla productos para aplicaciones industriales. Después de muchos años como investigador de aplicaciones de materiales, ahora se dedica a la comercialización de sus descubrimientos científicos y a buscar la rentabilidad de su proyecto empresarial. Ernest nos habla de su transición del mundo científico al empresarial, del papel de la transferencia tecnológica en la investigación universitaria, y de la función de la tecnología en la solución de los problemas más importantes de la humanidad.

Eres fundador y asesor científico de Astrea Materials. ¿Puedes explicarnos a qué se dedica esta empresa? ¿Cuáles son tus responsabilidades cotidianas y tu papel en la misma?

Astrea Materials es una empresa que desarrolla productos para aplicaciones industriales. En la actualidad, somos la única empresa del mundo que puede eliminar de la atmósfera sustancias contaminantes como el monóxido de carbón o el formaldehído. Somos capaces de desarrollar sistemas de purificación más pequeños y ligeros que los de otras empresas, o incluso aplicaciones que todavía no existen. Por ejemplo, hemos desarrollado una mascarilla que protege a las personas que combaten incendios forestales durante toda la jornada laboral. Además, los equipos del circuito NASCAR utilizan nuestros productos para protegerse del monóxido de carbono. Incluso trabajamos con una compañía aeroespacial que fabrica sistemas de soporte vital para la NASA y que está pensando en utilizar nuestros materiales para misiones espaciales de larga duración. Nuestros sistemas de purificación de aire más sofisticados pueden aplicarse a procesos industriales de soldadura o minería, así como a la industria militar.

Hasta hace muy poco, me ocupaba de todo tipo de tareas excepto de las de producción: hacía de CEO, de jefe de Informática, y hasta me dedicaba a colgar cosas de las paredes cuando hacía falta. Pero después de una etapa de desarrollo muy larga, ahora nos encontramos en la fase de escalar y vender, de convencer al mundo de las ventajas de nuestro producto. Hemos contratado a un comercial para que yo pueda dedicarme a lo que mejor se me da. Estoy a cargo de los aspectos científico y tecnológico, pero también formo parte del consejo de administración, donde me ocupo de la financiación y de las relaciones con nuestros socios.

Te has pasado a la parte más empresarial, lo que llamas “el lado oscuro” en tu perfil de LinkedIn. ¿Qué es lo que más te interesa de tu campo y qué te hizo dejar tu trabajo como profesor asociado en la Universidad Politécnica de Cataluña?

Siempre he querido ser investigador. Creo que tengo mucha suerte por haber conseguido publicar en revistas científicas de prestigio. Pero llega un momento en el que las aplicaciones tecnológicas de la investigación tienen que ir más allá. Para mí, el objetivo final es que te paguen por tu trabajo. Lo normal es que las personas que se dedican a la tecnología no tengan habilidades comerciales, que no sepan vender sus productos. Pero yo no quería publicar los resultados de mi investigación, prefería venderlos. Por eso digo que me he pasado al lado oscuro.

¿Puedes hablarnos del proceso para pasar de la investigación al emprendimiento y de las habilidades que se necesitan para crear una empresa?

Hay mucha gente que no es consciente de lo que supone dirigir una empresa hasta que se pone a ello. Es algo muy complicado. Una formación técnica no implica conocimientos de dirección, de contabilidad ni de ventas. Tienes que ser una persona despierta, siempre a la caza de nuevas oportunidades. 

Yo tengo dos títulos de IESE Business School que me han servido de mucho, porque me enseñaron a dirigir una empresa cuando ya tenía cierta experiencia. La experiencia es muy importante, te sirve para conocer la legislación aplicable y saber lo que supone trabajar con socios. Tus socios no tienen por qué apreciar ni comprender tu tecnología. Si invierten en tu empresa es porque confían en ti y quieren ganar dinero. Tienes que tener mucho cuidado en tus relaciones con ellos.

El objetivo final de las empresas es vender. Si no lo consiguen, es un fracaso. Pero el éxito tiene mucho que ver con la suerte, con tener el producto adecuado en el momento adecuado y con conocer a la gente adecuada. Estas son cosas que escapan a tu control, pero tienes que hacer todo lo posible para no fracasar.

¿Puedes hablarnos de la importancia de la transferencia tecnológica en la educación universitaria?

Hay dos tipos de países: los que compran tecnología y los que producen tecnología. En general, los países ricos como Estados Unidos o Israel producen tecnología y saben ofrecer servicios de calidad a sus ciudadanos. Desde el punto de vista social, eso implica que la transferencia tecnológica es una herramienta de creación de riqueza.

Creo que la única manera de que la economía de España sobreviva, y de que mantenga el ritmo de otros gigantes económicos como Estados Unidos, es que cuente con empresas tecnológicas. En general, nuestras investigaciones tienen muy buena calidad, pero tienen que transformarse en productos. Y eso empieza en la universidad. 

Si nos fijamos en el MIT, por ejemplo, las empresas tecnológicas que empezaron allí han querido hacer su propia contribución a la universidad una vez que han logado el éxito. Eso supone que la institución recibe más fondos que se pueden invertir en mejorar los recursos y la educación, lo que a su vez resulta en más creación de tecnología. Es algo completamente cíclico.  

Los gobiernos tienen que invertir más fondos en la transferencia de tecnología, porque es un proceso tremendamente difícil. Puede que no todas las empresas sean viables, pero se trata de plantar semillas. Se trata de apoyar a los investigadores y de ayudarles a superar su miedo a crear empresas.

Trabajas en el campo de la nanotecnología, los materiales nuevos y los materiales frontera. ¿Puedes hablarnos de su relación con las tecnologías emergentes y del futuro?

En la historia de la humanidad, los grandes avances siempre se han debido al descubrimiento de nuevos materiales, empezando por la piedra, el hierro, etc. Hay una relación muy estrecha entre los materiales y los productos: todo lo que usamos está hecho de materiales. Los materiales más avanzados son una solución para nuestros principales problemas. Podemos producir energía o purificar el aire de forma más eficiente y desarrollar nuevos medicamentos o sensores de salud. 

Es la primera vez en la historia que podemos controlar los materiales a escala atómica. Se trata de un avance trascendental, porque la tecnología aporta nuevas propiedades que no existían a nivel macroscópico. Ahora, después de tanta investigación, tenemos que ser capaces de desarrollar esas propiedades y esos materiales a escala industrial para poder producir nuevos dispositivos que nos hagan la vida más fácil en lo que se refiere al agua, la energía, la salud, la construcción, etc. Los materiales controlan muchos aspectos de nuestra vida.

¿Qué fue lo que hizo que te interesaras por The Collider? Háblanos de su contribución a la transferencia tecnológica y de la importancia de su función.

The Collider es una iniciativa muy interesante, porque el éxito de otras empresas puede motivar a los investigadores a crear la suya. También ofrece servicios de mentoría, que son muy necesarios y que pueden mejorar la tasa de éxito de las empresas tecnológicas. Es muy importante contar con mentores honestos e imparciales que puedan ofrecer información y consejos indispensables sobre financiación, gobernanza y otros aspectos. Esa puede ser la contribución de The Collider a la generación de riqueza a escala nacional.