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La metodología Lean Startup revoluciona el emprendimiento

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Las startups son, por naturaleza, empresas de alto riesgo que se apoyan sobre una única idea, algo que puede o no funcionar incluso si se consigue la financiación necesaria para comercializar el producto o servicio. Según Embroker, el porcentaje de startups que sobreviven todos los años es solo del 10 %. Por otro lado, según CB INSIGHTS, el fracaso de las startups se debe principalmente, en un 42 % de los casos, a una mala interpretación de la demanda del mercado.

 

Uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan las startups es generar nuevo negocio. Aunque puede que los emprendedores consolidados recurran a los modelos tradicionales de startups, la generación más joven y los emprendedores noveles se ven atraídos por un nuevo modelo de negocio de probada eficacia: la metodología Lean Startup. Basada en la experimentación, el ensayo y la repetición, esta metodología busca construir un negocio sostenible en un período de tiempo mínimo, manteniendo los costes al mínimo. El método propone formas creativas de probar y estructurar las ideas para la construcción de un producto basado en la demanda real del mercado.

 

El modelo Lean Startup abarca todas las etapas por las que atraviesan las nuevas empresas: desde el plan inicial hasta la fabricación o el desarrollo de clientes, un aspecto al que conceden la máxima importancia desde el primer momento. Todos los emprendedores necesitan conocer las necesidades del público objetivo lo antes posible para asegurar el éxito de su producto o servicio con antelación.

 

Soluciones nuevas para problemas existentes

La metodología de Lean Startup supone un modelo de negocio centrado en el cliente, que parte de la hipótesis inicial del producto o servicio para llegar a una idea probada que puede llenar un hueco en el mercado o alterar el existente mediante innovación disruptiva. Esto supone encontrar nuevas soluciones a los problemas existentes, lo que se consigue ofreciendo un producto o servicio más accesible y asequible.

 

El modelo fue presentado por primera vez en 2008 por el emprendedor Eric Ries, quien explicó que el motivo de sus dos fracasos anteriores era debido a que había ignorado la demanda del mercado. En su libro El método Lean Startup: Cómo crear empresas de éxito utilizando la innovación continua (2011), Ries también explica que se inspiró en el sistema de fabricación de automóviles de bajo coste y alto valor de Toyota en el Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial.

 

Las claves del éxito: construir, medir y aprender

La metodología propiamente dicha es bastante sencilla, y a menudo se resume en torno a tres etapas: construir, medir y aprender. Se centra en un Producto Mínimo Viable (PMV), la versión más simple del producto, que se ofrece a una fracción de los clientes objetivo para recopilar información. El objetivo del PMV es recoger la mayor cantidad de información posible sobre el público objetivo, los precios, los canales de distribución, las características útiles del producto, etc., para poder validar o modificar la hipótesis inicial. Los datos obtenidos se miden y se aplican para ajustar el producto en las pruebas posteriores, que incluyen cada vez un número mayor de funciones, hasta su lanzamiento definitivo al mercado.

 

Desarrollo del cliente

El método Lean Startup de Ries se basa en la «metodología de desarrollo de clientes» descrita en The Four Steps to the Epiphany: Successful Strategies for Products that Win (Steve Blank, 2018). En su libro, el emprendedor y académico de Silicon Valley argumenta que las startups deben centrarse en el cliente desde el primer momento. Si saben analizar sus clientes potenciales e identificar los problemas y necesidades de estos desde el principio, contarán con una base más sólida en el momento del lanzamiento, un planteamiento sobre el que se apoyan muchos programas de aceleración como el de The Collider.

 

La metodología de Blank divide el desarrollo de clientes en cuatro fases: descubrimiento, validación, creación y construcción. Las dos primeras fases, descubrimiento y validación, identifican los problemas del cliente y ponen a prueba la viabilidad del negocio, con el objetivo de validar el modelo del mismo. Durante la fase de descubrimiento, se analizan todas las hipótesis sobre el problema para el que la startup ofrece una solución, así como el interés general por el producto y su viabilidad comercial. Por otra parte, la fase de validación se apoya en las compras de los clientes para analizar la viabilidad del negocio, con el objetivo de crear una «hoja de ruta de ventas».

Las dos últimas fases, creación y construcción, se dan cuando la startup pone en práctica lo aprendido. En la fase de creación, se ejecuta el plan de negocio de la startup con una captación de clientes a escala, lo que a su vez genera una demanda de los consumidores que se dirige a los canales de venta de la empresa. Por último, la startup pasa a la fase de construcción, que formaliza y unifica todas las operaciones y departamentos de la empresa.

 

Cómo actuar frente a un posible fracaso

Ries describe la validación de lo aprendido, una parte fundamental del proceso de la metodología Lean Startup, como «la unidad de progreso para las lean startups». Sin este proceso, no hay manera de determinar lo que los clientes necesitan ni de cómo mejorar el producto en cada iteración. Para que una lean startup funcione, se necesita aprender constantemente y no tener miedo a un posible fracaso.

Los emprendedores deben poner en tela de juicio todos sus planteamientos, desde la idea inicial hasta el diseño del producto y sus funciones adicionales. De hecho, toda la metodología se basa en la validación de ideas. Lo que se somete a pruebas exhaustivas no es un PMV, sino más bien la hipótesis inicial de un emprendedor, que se perfecciona después hasta llegar a una idea bien articulada que se corresponda con la demanda del mercado. Se trata de no aferrarse a la idea original, lo que acrecentará las oportunidades de encontrar una que funcione.

 

Generar fidelidad en los clientes desde el principio

El modelo Lean ofrece una estrategia más rápida y menos arriesgada para poner en marcha una empresa sin tener que disponer de abundantes fondos iniciales. Tampoco se necesita un plan de negocios integral para empezar, ni contar desde el primer momento con la idea perfecta del producto: estas son las características de los modelos de negocios tradicionales.

 

Las ventajas del modelo Lean se derivan directamente de sus principios básicos, que se articulan en torno a la demanda del mercado y la validación de lo aprendido. La metodología Lean Startup, que comienza con un PMV para evaluar el interés de los clientes y que prefiere la experimentación a la adherencia a un plan de negocios estricto, ofrece una mayor tasa de éxito, y cuenta con la ventaja añadida de ser rápida y rentable.

 

Con el enfoque tradicional de las startups, el producto se mantiene en secreto hasta el final, algo que supone que, en caso de fracasar, la pérdida de los recursos invertidos en la planificación, el diseño y el lanzamiento, sea formidable. El modelo Lean se apoya en la ingeniería iterativa y en pruebas rigurosas para aumentar las posibilidades de satisfacer a los clientes cuando el producto salga al mercado. Por lo general, el ciclo de desarrollo de los productos es más corto, lo que se traduce en un mayor valor a un coste menor.

 

Sin embargo, esta metodología no está exenta de riesgos: es posible que los primeros usuarios que prueban un producto básico resulten decepcionados porque este no sepa reflejar todo el potencial del producto final o de la propia idea de negocio. Sin embargo, si se aplican correctamente los datos cuantificables y procesables obtenidos en las pruebas con usuarios, las versiones posteriores del PMV deberían anticipar y satisfacer un número de expectativas cada vez mayor. En este caso, la exposición temprana, junto con la colaboración estrecha con clientes activos, permite generar lealtad entre los clientes desde el principio, lo que constituye una de las características más destacadas del modelo Lean.

 

Mejorar la funcionalidad y reducir lo innecesario

Lo que distingue a una startup encaminada al éxito de otra destinada al fracaso es la gestión del riesgo. La metodología de Lean Startup se apoya en investigaciones minuciosas y requiere una coordinación perfecta de una fase a otra, lo que permite a los emprendedores pensar de forma creativa y avanzar hacia su visión. Mientras tanto, la evaluación continua de los datos y la iteración de los productos permite minimizar los riesgos. Estos aspectos de la metodología Lean Startup, entre otros, son una parte esencial de los programas de aceleración como The Collider, y del éxito de startups y empresas de todo el mundo.

 

 

The Collider es un programa pionero de transferencia tecnológica y creación de empresas, que busca conectar las esferas de la ciencia, la empresa y el emprendimiento. Este proyecto de innovación fomenta iniciativas de transferencia tecnológica que unen el talento científico con el empresarial para crear startups disruptivas basadas en la tecnología. The Collider es una iniciativa tecnológica de Mobile World Capital Barcelona, que pretende impulsar la transformación digital de la sociedad para ayudar a mejorar la vida de las personas en todo el mundo.