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Sobrevivir al “valle de la muerte” en la transferencia tecnológica

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El mundo de la innovación corporativa ha experimentado una oleada de cambios en los últimos años. En concreto, el número de colaboraciones entre compañías ya consolidadas y startups se ha triplicado desde el 2013, mientras que la inversión global en nuevas empresas de tecnología profunda ha aumentado de 15 000 millones en 2016 a 60 000 millones en 2020. 

 

La deep tech o tecnología profunda, a menudo definida como la tecnología basada en descubrimientos científicos o en innovaciones relevantes en ingeniería, atrae ahora una mayor atención de los inversores. La pandemia ha impulsado la transformación digital, que a su vez ha incrementado la demanda de aplicaciones tecnológicas innovadoras como el blockchain, la robótica o la inteligencia artificial. Como resultado, las grandes compañías han podido ver las ventajas de trabajar con startups, no solo con el fin de monitorizar las nuevas tendencias, sino como una forma de atraer talento nuevo e introducir en la cultura de la empresa una mayor agilidad. 

 

El ecosistema de la deep tech

Es innegable que la deep tech y sus aplicaciones tienen un potencial enorme, no solo para crear disrupción en todos los sectores, sino también para mejorar la vida de las personas: lo hemos visto en el ejemplo de BioNTech, la startup alemana que creó la primera vacuna contra la COVID-19. Y en el sector industrial, compañías como Volvo han puesto en marcha incubadoras de empresas y han incorporado la innovación abierta en sus estrategias de I+D. El emprendimiento científico es una tendencia mundial y el 21 % de los principales centros de investigación están ubicados en Europa.

 

Las startups de deep tech tienen varias características distintivas: están orientadas a la solución de problemas y se centran en la resolución de grandes cuestiones como puede ser la sostenibilidad; utilizan más de una tecnología avanzada; en su mayoría desarrollan productos físicos, en lugar de software; y reúnen a un grupo diverso de especialistas para resolver un problema. Este enfoque ha hecho que se denomine a la deep tech como «la cuarta ola de innovación». Las startups se consideran cada vez más como el vínculo entre los mundos de la investigación y los negocios, y las universidades alientan a los científicos a considerar el espíritu empresarial como una prioridad. 

 

El reto de la transferencia tecnológica en Europa

Muchas grandes empresas, especialmente en Asia, están colaborando ya con startups de deep tech en áreas como la computación cuántica, la robótica y la ciberseguridad. Y en el sector del lujo y de la cosmética, algunas empresas, entre ellas L’Oréal, han integrado sus colaboraciones con startups en su oferta principal de productos. Sin embargo, a pesar del atractivo evidente para los inversores, hay desafíos significativos que afectan a la comercialización de la investigación científica: un fenómeno que se conoce como el «valle de la muerte». 

 

En Europa, el problema principal al que hace frente la transferencia tecnológica es la falta de financiación. Un informe reciente reveló que, de los 3 millones de patentes de la Oficina Europea de Patentes, el 95 % están latentes, inactivas o infrautilizadas. Si bien existe un considerable talento y experiencia en ingeniería en el panorama europeo de las startups, la financiación es menor que en los Estados Unidos y Asia. «En Europa se nos da muy bien trasladar fondos a la investigación», dice Josemaria Siota, director ejecutivo del Centro de Emprendimiento e Innovación de IESE Business School, «pero hay margen de mejora a la hora de trasladar la investigación a los fondos».

 

Muchos inversores consideran las startups de deep tech como inversiones de riesgo. Además, evaluar la prueba de concepto para la tecnología innovadora puede ser complicado para aquellos que no tienen una trayectoria científica. Por otro lado, los productos de deep tech tienen a menudo un mayor tiempo de comercialización y un retorno de la inversión a largo plazo. Muchos inversores corporativos no se sienten del todo cómodos con ello y eso supone que las inversiones recaigan en modelos de negocio más seguros y fáciles de entender.

 

Cerrar la brecha de la innovación

Un informe de 2020 del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea explora estas cuestiones y ofrece tres estrategias para apoyar la innovación y evitar el «valle de la muerte»: promover mecanismos de coinversión para empresas en fase inicial; adaptar los mecanismos de inversión existentes para la transferencia tecnológica y seguir apoyando el ámbito europeo de la transferencia de tecnología. Los autores señalan que el corporate venturing (la colaboración entre compañías consolidadas y startups innovadoras) se está convirtiendo en una tendencia dominante.

 

El corporate venturing no siempre requiere una gran inversión inicial y puede ser financieramente sostenible y aplicable a nuevas empresas en etapa temprana o tardía. Sin embargo, existe la necesidad de encontrar un terreno común para superar la brecha cultural y de comunicación entre el mundo académico y la industria, que se puede abordar poniendo el foco en la etapa de prueba de concepto (PoC). Esto asegura a los inversores potenciales que existe una necesidad del producto, minimizando así el riesgo. 

 

Johanna Michelin, directora de innovación del laboratorio de investigación francés CNRS, enfatiza la importancia de la inversión y señala que crear startups de deep tech no es suficiente: debe haber un incentivo para que este talento permanezca en Europa. Aunque la UE y los gobiernos regionales están destinando fondos a la innovación y la tecnología, el mercado de capital riesgo en Europa no alcanza las oportunidades que sí tienen en los Estados Unidos y China. Para llevar la deep tech al siguiente nivel se necesitan procesos más estructurados, un cambio cultural más grande y un mayor apoyo financiero para los científicos.

 

¿Qué podemos esperar del emprendimiento científico?

Es posible que Europa haya quedado atrás, temporalmente, en la carrera por la transferencia de tecnología, pero hay señales alentadoras que apuntan a nuevas colaboraciones en la innovación corporativa. Jan Goetz, CEO y cofundador de la startup finlandesa de deep tech IQM, es optimista en cuanto a que la región se convierta en líder mundial en mercados como puede ser la computación cuántica. «La carrera global aún no ha terminado, al menos no en nuestro sector», señala.

 

De hecho, hay indicios de que el capital riesgo ha vuelto al rescate del ecosistema de la deep tech en Europa. En 2021 se cerraron dos nuevos fondos de riesgo dirigidos a empresas y startups de deep tech en Europa, lo que marcó un importante aumento de la financiación en un área donde la falta de inversión ha sido durante mucho tiempo una barrera. El aumento sustancial del uso de programas de incubadoras y aceleradoras se ha convertido también en una tendencia alentadora, al igual que la aparición de empresas que ofrecen capital de corporate venturing como servicio. El futuro de la transferencia tecnológica en Europa es más prometedor que nunca.

 

The Collider: la transferencia tecnológica es nuestro negocio

En The Collider ponemos en contacto a científicos, empresas y emprendedores para crear startups tecnológicas disruptivas. The Collider tiene el apoyo de Mobile World Capital Barcelona, una iniciativa centrada en la tecnología que tiene como objetivo impulsar la transformación digital de la sociedad para crear un impacto positivo en el mundo.