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¿Son las redes inteligentes la respuesta a la crisis energética?

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La necesidad de encontrar soluciones para el consumo de energía en nuestra vida moderna ha llegado a un punto crítico. Las consecuencias a largo plazo que acarrean el desperdicio de energía y la dependencia de recursos insostenibles han avivado la demanda de un cambio. La tecnología profunda y la innovación empresarial ofrecen una respuesta potencial a esta demanda en forma de redes inteligentes.

Las dificultades energéticas a las que ahora nos enfrentamos —el acceso cada vez más escaso a recursos como el gas natural y los precios de la electricidad por las nubes— no son más que otro repunte (aunque alarmante) dentro de la crisis energética que ya se inició en el siglo XX. 

La diferencia, no obstante, es que el emprendimiento científico de hoy no rehúye los desafíos que nos plantea esta crisis. La clave podría estar en seguir desarrollando herramientas de tecnología profunda como las redes inteligentes, que supondrían una solución duradera al problema persistente de la energía.

¿Qué es una red inteligente?

Una red inteligente es una red eléctrica equipada con herramientas de tecnología profunda que optimiza el uso de la energía para aumentar la eficiencia y el rendimiento, por un lado, y minimizar, por otro, su desperdicio. Recordemos que la tecnología profunda es un tipo de tecnología que tiene como objetivo impulsar innovaciones que hagan del mundo un lugar mejor. 

En concreto, en relación con la crisis energética, la tecnología profunda se utiliza para optimizar, entre otras cosas, el consumo, los sistemas y las fuentes de energía, y en definitiva, para combatir la crisis haciendo más eficientes las prácticas actuales, pero también ofreciendo alternativas.

Las redes inteligentes cuentan con sensores que recopilan datos sobre todos los aspectos del consumo de la energía. Al incorporar herramientas inteligentes como la automatización y la comunicación bidireccional de datos, estas redes ofrecen respuestas inmediatas y en tiempo real a las condiciones que registran. De esta manera, son capaces de gestionar el flujo de energía, de comprender y explotar los patrones en el consumo y de contener cualquier problema (como los apagones) en el área local en la que se producen.

¿Cómo ayudan las redes inteligentes frente a la crisis energética?

Estas redes ayudan a afrontar la crisis energética de varias maneras. Con la tecnología de la que disponemos hoy, pueden: 

  • Ofrecer una imagen completa del consumo de energía en una área determinada gracias a la gran cantidad de datos que recopilan. Con esta información, los proveedores de energía y los gobiernos pueden empezar a desarrollar herramientas y políticas para gestionar dicho consumo y prevenir las sobrecargas. 
  • Mitigar el desajuste entre el suministro de energía requerido para una tarea concreta y la cantidad de energía que hay. Las redes inteligentes son capaces de entender patrones de consumo y de distribuir la energía de forma más eficiente. 
  • Identificar y eliminar el consumo de energía innecesario al combinarlas con tecnología inteligente. Por ejemplo, la red inteligente puede apagar los dispositivos cuando no están en uso. De esta manera, el consumo será más eficiente, lo cual repercutirá tanto en la factura como en el medio ambiente, ya que hará falta generar menos electricidad. 

Pero sobre todo, estas intervenciones ayudan a prevenir apagones que, además de suponer un gran inconveniente, pueden llegar a tener un enorme coste económico según su duración y la extensión del área afectada. 

Dificultades a la hora de implementar sistemas de red inteligente

Está claro que las redes inteligentes tienen un gran potencial. Pero si las ventajas son tantas, ¿por qué no se han introducido antes y de forma generalizada?

Uno de los problemas principales a la hora de implementar un sistema de red inteligente es la infraestructura. Muchos países ya tienen redes eléctricas complejas que requerirían acometer cambios radicales para transformarlas en redes inteligentes. 

Por otra parte, esta transformación supondría una gran inversión de tiempo, dinero y mano de obra, además de la coordinación de varios actores, entre ellos las empresas de energía, los gobiernos y los ciudadanos particulares. Tanto las empresas energéticas como los consumidores tendrían que dar prioridad a la transición hacia las redes inteligentes para invertir en ellas los recursos necesarios.                                                                                                                                                                                                                                                                               

Más eficiencia 

Las redes inteligentes tienen ventajas a las que se les puede sacar mucho partido si se complementan con tecnología. Un ejemplo sería el contador inteligente, que puede integrarse en las viviendas para obtener unas estadísticas precisas del consumo de energía que disuadan a los particulares de hacer un uso excesivo de la electricidad. 

 

Uno de los principales fenómenos que ponen a los sistemas de red actuales al borde de su capacidad es el desajuste entre el suministro y la demanda de energía. Pensemos, por ejemplo, en cargar un coche eléctrico. Si bien el aumento de los coches eléctricos reduce las emisiones de dióxido de carbono, también podría generar problemas en las redes inteligentes. Si una red no está preparada para recibir la enorme demanda de energía que requerirían varias personas cargando casi al mismo tiempo, puede verse sobrecargada y fallar, provocando un apagón. 

Para satisfacer grandes demandas de suministro en otros sectores, estas redes pueden monitorizar y reducir el consumo de electricidad cuando los controladores y los sensores detectan que no es necesaria (como en edificios de oficinas vacíos fuera del horario laboral). 

Empresas y tecnologías actuales de redes inteligentes a las que seguir la pista  

Ha habido numerosas iniciativas para incentivar la inversión en tecnología profunda de redes inteligentes, entre ellas, una iniciativa de subvenciones federales del Gobierno de los EE. UU. por valor de unos 8 mil millones de dólares para invertir en suministro de electricidad y tecnología de redes inteligentes. 

 

La transferencia de tecnología también es fundamental para el éxito de las redes inteligentes. Otro programa estadounidense financiado por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, llamado “Ciberseguridad para sistemas de redes inteligentes”, se dedica a desarrollar medidas de ciberseguridad para proteger estas redes. Ejemplos de transferencia de tecnología como este son fundamentales para crear sistemas efectivos y seguros de este tipo. La concesión de licencias para esta tecnología permitirá a las naciones de todo el mundo implementar sistemas de redes inteligentes protegidas contra la piratería informática malintencionada. 

 

También hay empresas que han creado otras empresas derivadas para promover tecnologías ventajosas de red inteligente. El conglomerado holandés Koolen Industries, que se dedica a desarrollar soluciones de energía limpia, lanzó una empresa con el acertado nombre de Smart Grid a través de la cual ofrece soluciones de almacenamiento de energía a gran escala.  

Un paso adelante en la superación de la crisis energética 

Las redes inteligentes son un movimiento más en la gran partida contra la crisis energética. Ahorrar energía gracias a una red inteligente y automatizada, con sensores que recopilan datos en tiempo real, contribuirá en gran medida a reducir el desperdicio de energía y el impacto ambiental que supone hacer funcionar nuestro mundo. Para facilitar la transición hacia esta nueva forma de suministrar energía hará falta más inversión en tecnología profunda, la creación de startups en este sector e incluso incubadoras de emprendimiento científico o ideas Lean Launchpad para redes inteligentes.

 

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