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¿Vamos a por todas con los vehículos autónomos?

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Cualquiera que trabaje con tecnología sabe que, cuando se trata de nuevos avances, la transición desde la ciencia ficción a la ciencia real no siempre es fácil. Siempre hay retos y contratiempos que superar, ideas que no pasan del concepto al prototipo, escasez de fondos, falta de confianza externa en la innovación, etc. Incluso antes de entrar en la dura competición del mercado, las nuevas tecnologías tienen que tener un poco de suerte, testar su resiliencia y atraer a los inversores.

 

Y, sin embargo, hay ciertas tecnologías que dan la sensación de ser imparables. En el caso de algunos de los inventos más comunes nacidos de la ciencia ficción, parece que es solo cuestión de tiempo antes de que pasen a formar parte de nuestra vida cotidiana. Es en esta categoría donde entran los vehículos autónomos o sin conductor. La realidad, sin embargo, es un poco más complicada.

 

Factores limitadores

Aunque la tecnología para estos vehículos ya existe y, según unas declaraciones de Tesla del año pasado, solo quedan por resolver algunos “problemas menores”, no contamos todavía con las infraestructuras que exige su funcionamiento. Los vehículos autónomos utilizan distintos mecanismos para interactuar con su entorno: sensores, detección de objetos, lectura de las señales de tráfico, medición continua de los cambios de la velocidad y las distancias, etc. La actual infraestructura urbana no cuenta todavía con tecnología para permitir la autonomía de los vehículos en las calles.

 

La idea de levantar de la nada nuevas ciudades adaptadas a los vehículos autónomos es impracticable. Por otro lado, la alternativa de instalar todo lo que estos necesitan para funcionar en paralelo con la infraestructura existente, con un sistema que permita la convivencia simultánea de ambos vehículos, es una tarea mayúscula. Habría que invertir cantidades significativas de tiempo y dinero, así como tolerar similares dosis de disrupción en las calles, en unos momentos en los que muchas autoridades municipales tienen problemas a la hora de afrontar la carga financiera que supone el mantenimiento y reparación de las infraestructuras existentes.

 

Con la creciente transformación de las ciudades inteligentes, este cambio se está produciendo de forma orgánica. Pero es una metamorfosis que no sucede uniformemente en todas partes, lo que supone un reto mayúsculo para el uso masivo de vehículos autónomos. Probablemente se necesiten dos tipos de cambios: una primera etapa intermedia en la que los coches antiguos y nuevos compartan especio urbano, y una segunda en la que los conductores desaparezcan completamente y las viejas infraestructuras acaben renovándose o eliminándose.

 

También hay una importante barrera social que superar. Mucha gente aún sigue considerando los coches sin conductor como intrínsecamente menos seguros, a pesar de que 3000 personas fallecen diariamente en accidentes de tráfico en todo el mundo. Las aseguradoras, que establecen las primas en base a los datos y no al instinto, ven la realidad con otro prisma y podrían ayudar a superar la desconfianza hacia los vehículos autónomos con nuevas medidas. Por ejemplo, la reducción de las primas de los coches sin conductor o la redistribución de la responsabilidad de los accidentes, donde los fabricantes asumirían una carga mayor y la de los conductores se vería reducida. Sin embargo, es probable que estos cambios tengan que esperar a una nueva generación de propietarios.

 

Cambios en el sector del automóvil

Los modelos de propiedad, por su parte, ya están cambiando. El concepto de la Movilidad como Servicio es cada vez más popular, y la generación milenial es reacia a comprar coches cuando existe una extensa flota de vehículos a demanda a la que puede acceder de forma inmediata desde el móvil. Además, se trata de un grupo demográfico que valora mucho su tiempo, y el no tener que conducir les daría libertad para hacer otras actividades durante el trayecto. La actitud de esta generación, que muestra más confianza en la tecnología que las que la preceden, podría ser un factor decisivo en la transición hacia los vehículos autónomos.

 

En la actualidad, el sector del automóvil se está enfrentando a cambios importantes, ya que el auge simultáneo de los vehículos eléctricos y los autónomos ofrece nuevos retos y oportunidades. La Movilidad como Servicio, por ejemplo, puede ser una oportunidad para los fabricantes y afectar de forma significativa al mercado del futuro. Sin embargo, si todo el mundo tiene acceso a servicios de movilidad, puede que esto dé lugar a más coches en las calles y menos uso del transporte público, un factor que también ha de ser sopesado durante el periodo de transición hacia la total autonomía de los vehículos.

 

Regulación

El panorama normativo tendrá que evolucionar con rapidez para acomodarse a la transformación tecnológica. En la actualidad, todos los reglamentos sobre vehículos de motor asumen que hay un conductor detrás del volante. El Reino Unido es el único país que no ha ratificado la Convención de Viena sobre el tráfico vial de 1968, que estipula la necesidad de que haya un conductor. Esta circunstancia hace que el Reino Unido sea líder en pruebas con vehículos sin conductor, aunque parece inevitable que haya cambios en todos los países. En EE. UU., son cada vez más los estados que están dando vía libre a estas pruebas, como ya lo ha hecho Singapur. No hay duda de que las normativas tendrán que actualizarse.

 

Esto requiere que haya acuerdo sobre nuevas normas que tengan en cuenta los sistemas de aprendizaje automático (una parte esencial de la tecnología de los vehículos autónomos), de mantenimiento automático de carril o de ciberseguridad, entre otros. A pesar de la confianza mostrada por Tesla, parece que aún queda mucho por hacer.

 

La tecnología se enfrenta a sus propios retos

Los ecosistemas destinados exclusivamente a los vehículos sin conductor ofrecen claros beneficios: carreteras inteligentes que mantengan la circulación del tráfico, eliminación de los atascos y reducción de las emisiones de carbono, todo en uno. Además, estos sistemas contribuirían a la desaparición de los accidentes causados por errores humanos y darían acceso a vehículos a personas que antes no podían conducirlos.

 

Pero la tecnología en la que se apoyan los vehículos autónomos presenta nuevos retos para la industria del motor y para los legisladores. Ya en 2016, la revista Wired hackeó un vehículo en movimiento a mitad del trayecto y dejó a su conductor indefenso. Un coche sobre el que el conductor no tiene control, que requiere actualizaciones periódicas de software y que está en contacto continuo con un entorno inteligente puede convertirse fácilmente en objetivo de los ciberdelincuentes.

 

Otros fabricantes y expertos de la industria tienen una visión más cauta que Tesla. Para que se dé una transición completa, se necesita que exista un acuerdo sobre cuáles son las mejores prácticas relacionadas con la propiedad, la seguridad, la infraestructura, la regulación y los seguros de los vehículos autónomos. Aunque reconoce que el 94 % de los accidentes de tráfico se producen debido a errores humanos, el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos subraya que uno de los mayores impedimentos al cambio es la enorme extensión de las modificaciones que deben aplicarse a la legislación actual. También hace referencia a los distintos grados de aceptación de los consumidores, y las diferencias de madurez tecnológica y de infraestructuras que existen en la actualidad.

 

Los vehículos autónomos parecen ser uno de esos casos en los que la tecnología avanza más rápido que el resto del mundo. Los fabricantes de coches están absorbiendo rápidamente la innovación tecnológica y los conocimientos de las startups del sector, y siguen adelante con la investigación, lo que hace que ese paso de la ciencia ficción al hecho parezca inevitable. Puede que la innovación del sector tenga que levantar el pie del acelerador, pero no parece que vaya a pisar el freno próximamente.